
HAVOK+BLOOD RED THRONE+XONOR+ERADIKATED
DESCARGA DE AUTÉNTICO THRASH METAL OCHENTERO
23.09.26 / Sala Salamandra
Hay miercoles que parecen diseñados para volver a casa, cenar y preparar lo que queda de semana. Y luego están los miercoles en los que cuatro bandas deciden que la mejor manera de seguir a base de riffs afilados, baterías desbocadas y una buena dosis de violencia sonora. Sala Salamandra de L’H acogió una de esas citas que justifican cualquier esfuerzo por llegar a tiempo: Eradikated, Xonor, Blood Red Throne y Havok, cuatro formaciones unidas por su devoción por los sonidos extremos, pero con suficientes diferencias como para convertir la noche en algo más que una sucesión de descargas de thrash.
Con el otoño asomando en el calendario el local musical se preparaba para recibir una buena ración de metal sin concesiones.
ERADIKATED fueron los encargados de abrir fuego. Como suele suceder con los conciertos que comienzan a una hora temprana en plena jornada laboral, la sala todavía estaba terminando de reunir a sus tropas. Sin embargo, quienes ya se encontraban frente al escenario tuvieron ocasión de comprobar que el cuarteto no había viajado hasta Bcn para cumplir el expediente. Su propuesta mira directamente a la tradición del thrash de la Bay Area: guitarras veloces, riffs cortantes, ritmos vertiginosos y una actitud que rehúye cualquier adorno innecesario. Aquí lo importante era tocar fuerte, tocar rápido y mantener la presión de principio a fin.
El grupo defendió material de sus trabajos Descendants y Wiring of violence, desplegando una energía que contrastaba con la relativa contención inicial del público. Poco a poco, las cabezas comenzaron a moverse y la pista fue perdiendo la timidez. Con “Culling” llegaron los primeros pogos de entidad, mientras que “Ashes” puso el broche a una actuación que terminó dejando a la audiencia bastante más despierta de lo que había llegado. Los suecos firmaron un arranque honesto, directo y efectivo, reivindicando que el thrash de vieja escuela sigue teniendo relevo generacional y que no hace falta reinventar el género para conseguir que una sala empiece a hervir.
Tras una breve pausa, llegó el turno de XONOR. Los suizos cambiaron el registro y endurecieron la atmósfera con una mezcla de thrash moderno, crossover y una agresividad de marcado carácter callejero.
La imagen del grupo, con los rostros ocultos bajo pasamontañas y una estética de inspiración paramilitar, reforzó desde el primer momento la sensación de estar ante una propuesta más oscura y desafiante. Pero la puesta en escena no era lo único que tenían preparado: musicalmente, los helvéticos apostaron por riffs pesados, una interpretación contundente y un enfoque vocal mucho más áspero.
La respuesta de la audiencia no tardó en llegar. Los pogos ganaron intensidad y el espacio frente al escenario se convirtió en un terreno de movimiento constante. El momento más surrealista y divertido llegó con “Monkey mosh”, cuando un miembro del equipo de la banda, disfrazado de mono, se lanzó a participar en el caos de la pista. Una escena tan absurda como perfectamente integrada en el espíritu desinhibido de la actuación. “Slaughterhouse” y “Race war” contribuyeron a mantener la temperatura alta, con esta última provocando uno de los grandes circle-pits de la primera mitad de la noche.
Xonor no buscó la elegancia ni la sutileza: su terreno fue el impacto inmediato. Y en una velada como aquella, su combinación de actitud, riffs contundentes y sentido del espectáculo funcionó como una descarga eléctrica que preparó el camino para lo que estaba por venir.
Si las dos primeras bandas habían preparado el terreno a base de thrash, BLOOD RED THRONE llegó para recordar que el death metal puede elevar todavía más el nivel de contundencia. Los noruegos, veteranos de la escena extrema europea, aparecieron ante una sala cada vez más llena y demostraron rápidamente que su inclusión en el cartel era mucho más que un simple cambio de registro.
”Unleashing Hell” abrió las hostilidades con una demostración de fuerza que dejó claro que no habría concesiones. Las guitarras combinaron riffs densos y pasajes veloces, mientras la batería sostuvo una maquinaria rítmica demoledora. Sobre todo ello, las voces guturales aportaron ese tono cavernoso y amenazante que constituye una de las señas de identidad del grupo. Con “Every silent plea”, el público respondió multiplicando los circle-pits e “Incarnadine mangler” elevó todavía más la temperatura y dio paso a una sucesión de momentos en los que los primeros saltos desde el escenario comenzaron a convertirse en protagonistas de la velada.
Pero lo que hizo especial a Blood Red Throne no fue únicamente su potencia instrumental. Frente a la imagen habitualmente distante que a veces acompaña a las bandas de death metal, los nórdicos se mostraron cercanos, sonrientes y muy comunicativos. Sus músicos parecían disfrutar tanto como quienes se encontraban al otro lado del escenario, buscando la complicidad de las primeras filas y alimentando continuamente el intercambio de energía.
Con “Itaka” se convirtió en uno de los grandes momentos del concierto, con una pista entregada que parecía no tener intención de detenerse. La banda cerró con “Arterial lust”, dejando tras de sí una audiencia completamente convencida y la sensación de haber asistido a una de las actuaciones más destacadas de la noche.
Con la sala ya lanzada y las cervicales de buena parte del público empezando a pedir tregua, llegó el turno de HAVOK. La formación de Colorado asumía la responsabilidad de cerrar la noche y lo hacía con una reputación construida sobre discos sólidos, riffs de precisión quirúrgica y una interpretación que combina la escuela clásica del thrash con una ejecución contemporánea.
Desde los primeros compases quedó claro que el cuarteto tenía perfectamente controlada su maquinaria. “Hang’em high” encendió la mecha, mientras “Fifth generation warfare” mantuvo la presión sobre una pista que ya había dejado atrás cualquier atisbo de tranquilidad.
El repertorio fue alternando velocidad, agresividad y una buena dosis de técnica. “No amnesty”, “D.O.A.” y “The ultimate weapon” fueron algunos de los temas que alimentaron los pogos y los circle-pits, mientras “Intention to deceive” volvió a poner a prueba la resistencia de una audiencia que llevaba varias horas gastando energía sin reservas.
Havok no necesitó recurrir a grandes artificios escénicos para imponerse. Su principal argumento estaba en la ejecución: guitarras afiladas, una base rítmica firme y esa manera de encadenar riffs que conecta directamente con la tradición del thrash de los años ochenta sin quedarse atrapada en la nostalgia. “From the cradle to the grave” puso punto final a la descarga y cerró una noche marcada por los riffs veloces, los saltos desde el escenario y el movimiento incesante de la pista.
Cuando los músicos abandonaron las tablas, el público tenía motivos de sobra para sentirse satisfecho: la banda había cumplido con su papel de cabeza de cartel y confirmado su solvencia como una de las formaciones más consistentes de su generación. Bcn tuvo su dosis de velocidad, oscuridad y decibelios. Y la sala Salamandra volvió a demostrar que, cuando el metal se desata no hacen falta grandes estadios para provocar una auténtica tormenta.
Setlist Havok:
Hang’em high
Prepare for attack
Give me liberty...or give me death
Fifth generation warfare
No amnesty
D.O.A.
Covering fire
Dab Tsog
Phantom force
The ultimate weapon
Afterburner
Intention to deceive
From the cradle to the grave
Fotos y texto: Manu Carmona

Eradikated



Xonor



Blood Red Throne



Havok



