
THE DATSUNS+THE VIL VEINS
EL PODER DE LAS TIERRAS NEOZELANDESAS
22.07.26 / Razzmatazz
La Razzmatazz3 está a punto de convertirse en una pequeña cámara de combustión donde el rock'n'roll no necesita permiso para levantar más la temperatura.
Los primeros en comprobarlo son THE VIL VEINS. Apenas necesitan unos minutos para transformar el escenario en un lugar incómodo, sudoroso y excitante. Su propuesta se mueve entre el garage, el punk y ese rock oscuro que parece haber nacido después de demasiadas noches sin dormir. Guitarras afiladas, batería seca y una actitud que no concede un segundo de descanso.
No hay grandes discursos entre canción y canción. Tampoco hacen falta. El trio entiende algo fundamental sobre las bandas que ejercen de teloneras: tienen que conquistar la sala antes de que el público tenga tiempo de pensar si ha venido por ellos. Lo consiguen a base de volumen, velocidad y una sucesión de canciones que terminan casi siempre con algún instrumento al borde del colapso.
Cuando abandonan el escenario, el público ya está preparado.

Y entonces llegan THE DATSUNS.
La primera descarga deja claro que los neozelandeses no han venido a Bcn a contemplar el paso del tiempo. Han venido a demostrar que el rock de guitarras todavía puede ser físico. El cuarteto entra directo, sin ceremonia innecesaria, y “Electric highs” funciona como una declaración de principios: amplificadores al rojo, batería contundente y la voz de Dolf de Borst cortando el aire.
La sala, con su aforo reducido, juega a favor de la banda. Aquí no hay distancia entre escenario y público. Cada golpe de batería parece ocurrir a pocos centímetros de la primera fila. Las guitarras rebotan contra las paredes y el suelo empieza a convertirse en una superficie de movimiento continuo.
“Sittin’ pretty” mantiene la tensión y “Bullseye” añade una dosis de suciedad al asunto. Los Datsuns no necesitan disfrazar su ADN: su rock bebe del hard rock clásico, del garage y del punk, pero lo ejecutan con la urgencia de una banda que todavía tiene algo que demostrar.
Y probablemente ahí está el secreto de su directo.
Han pasado más de dos décadas desde que aquel debut de 2002 puso a los neozelandeses en el mapa internacional, pero sobre el escenario no parecen interesados en convertirse en una pieza de museo. Al contrario: cada canción se toca como si fuese necesario convencer al público de que el rock todavía puede ser peligroso.
“Ugly leather” provoca uno de los primeros grandes movimientos de la noche. Después llega “So long”, uno de esos temas que permiten a la banda pisar el acelerador sin necesidad de cambiar de marcha. La respuesta del público es inmediata: cabezas, brazos, cuerpos empujándose unos contra otros y una primera fila que parece haber decidido que guardar las distancias es una costumbre completamente prescindible.
El concierto avanza sin altibajos apreciables. “Brain to brain” y “Caught in the silver” demuestran que debajo de la fachada de ruido hay también una banda capaz de construir canciones con identidad propia. Pero es cuando aparecen “Axethrower” y “Girls Best Friend” cuando la sala recupera ese espíritu de club pequeño y peligroso que parece ser el hábitat natural de The Datsuns.
No hay nostalgia. O, al menos, no una nostalgia complaciente.
Cuando suenan los primeros acordes de “Bite My Tongue”, sí aparecen recuerdos de aquella época en la que el garage rock volvió a colarse en las listas y las guitarras parecían recuperar el centro de la cultura rock. Pero los Datsuns no se limitan a reproducir aquel sonido. Lo utilizan como combustible.
El tramo final es un ejercicio de resistencia. La banda toca fuerte, rápido y con una precisión que no impide que todo parezca a punto de descontrolarse. Y precisamente esa sensación de peligro controlado es la que hace que el concierto funcione. No importa que conozcamos los riffs, que sepamos hacia dónde van las canciones o que hayan pasado años desde que descubrimos sus primeros discos. En directo, una buena canción deja de pertenecer al pasado. Pasa a pertenecer a esa noche. A ese público.
Cuando finalmente llega el último golpe con “Gods are bored” quedan unos segundos de silencio extraño, como si nadie supiera muy bien si el concierto ha terminado o si simplemente hemos sobrevivido a una última embestida. Después llegan los aplausos.
Dentro del recinto, en cambio, quedan el sudor, los oídos zumbando y esa sensación difícil de explicar que sólo dejan ciertos conciertos: la certeza de haber estado durante hora y pico en un lugar donde la música no era una reproducción de discos, sino algo físico, inmediato y peligrosamente vivo.
The Vil Veins habían abierto la herida. The Datsuns se encargaron de mantenerla abierta.
Setlist The Datsuns:
Electric highs
Sittin' pretty
Bullseye
Ugly leather
So long
Brain to brain
Caught in the silver
Axethrower
Girls best friend
Glide like a ghost
Bite my tongue
Helping hands
Harmonic generator
Emperor's new clothes
Gold halo
Moonstruck man
Dehumanise
MF from hell
Gods are bored
Fotos y texto: Manu Carmona









